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Ecología, Cosmovisión y Economía Crítica |
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Vivir
Mejor con Menos
Sencillamente, sin contaminar
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Patrick Rivers
PROLOGO
'No se trata de `tirar la esponja' como se dice, y comenzar hoy
mismo una huerta en el patio de la casa. Se trata más bien
de iniciar un cuestionamiento serio acerca de cómo hemos
llegado a tener tan poco control sobre nuestras vidas en sus aspectos
más prácticos y domésticos. Se trata si se
quiere, de un libro de economía, pero en su sentido más
verdadero y antiguo, una rama de la ética que se ocupa de
la calidad de vida, vía recta distribución de los
bienes. En un mundo donde cada día hay más riqueza
y bienes, vemos que los ricos se hacen más ricos y los pobres
sólo aumentan en número. Algo anda mal.
Este es un libro eminentemente práctico con recetas para
disminuir los gastos innecesarios. Pero más allá de
eso, es un libro que habla directamente del amor y la felicidad
que pueden brindar lo pequeño y lo sencillo. Es el pensamiento
de Francisco de Asís, de Ghandi y de tantos otros que han
mostrado un modo de gozar más de la vida, saliéndose
de la carrera de locos por poseer más, consumir más
y endeudarse más, llegando a una existencia más feliz
y más sana.
Tal vez le dé más credibilidad el hecho que su autor
sea inglés, y no un tercer mundista que por necesidad ha
tenido que apretarse el cinturón. Será instructivo
constatar como en todas partes, incluso en el mundo más industrializado
y sofisticado hay personas que se están cuestionando seriamente
el estilo de vida que ofrece la civilización occidental.
La repugnancia se siente por todas partes.
También trata de cómo aprovechar mejor lo que ya
tenemos para ser más felices hoy, con lo cual indirectamente
le estaremos dejando una tajada mayor del queque a aquellos que
tienen tan poco.
Luego de las gloriosas premoniciones del BOOM económico
que nos asoló hace muy pocos años viene la época
de la desilusión. Tal vez en su acepción más
profunda este fue el verdadero sentido de tanto alarde y autoengaño.
Mal que Mal, la desilusión y el desengaño son una
instancia de crecimiento en la dimensión humana. Ahora ya
no creemos a pié juntillas el lema subyacente a las economías
mercantiles que nos manejan con su "más es mejor":
Han habido profetas como E: F. Schumacher que con su libro ya clásico
"Lo Pequeño es Hermoso" inició la era de
la concientización hacia este planeta que tan generosamente
nos ha albergado, y que comienza a impacientarse ante tanta explotación
y tanto despilfarro.
Lo penoso de todo esto como grupo humano y como nación, es
que una vez más estamos mostrando cuan indefensos sonsos
para resistir los embates de ideologías y prácticas
foráneas. Los únicos que se escapan de esta responsabilidad
son los que siempre han tenido que vivir con menos. Ellos no han
ido becados a universidades extranjeros y tampoco ambicionan reproducir
en esta "loca geografía" el mundo de fierros, plásticos
y lentejuelas de otras partes. El consumismo de los últimos
años, creado y necesitado por el aparato industrial foráneo,
no es un valor autóctono. Aparte de estar endeudados más
allá de nuestra capacidad, y divididos más allá
de nuestros deseos y tradición ¿qué hemos conseguido?
Sin darnos cuenta nos hemos ido haciendo cada vez más dependientes.
¿Dónde quedó toda esa gallardía y ese
afán de independencia?
Ahora no podemos vivir sin TV a colores, ni podemos vivir sin scanner;
ni podemos vivir sin envases desechables, etcétera. La lista
sería larga e innecesaria. Incluso, en este momento ¿cuántos
no tendrán entre sus planes la adquisición de una
computadora de uso casero para que sus hijos se preparen para la
carrera del futuro? ¡Buen chasco se van a llevar!
La gente parece no saber que hasta el concepto y la palabra intraducible
`status' es enteramente importado. Muchas veces me he preguntado
acerca de esta tendencia aparentadora, una especie de obsesión
por mostrar una situación holgada la que se traduce en un
automóvil último modelo, casa en el barrio alto e
hijitos en algún colegio sectario y elitista. La única
respuesta que encuentro es que para suplir el vacío interior
y la falta de relación verdadera y satisfactoria con el mundo
de personas y objetos que nos rodea, tenemos que recurrir a lo exterior.
Ha de ser que pensamos que si lo que me rodea es 'fino', `caro'
y 'exclusivo' entonces yo también lo soy. ¿Qué
tipo de locura es esta repentina afición al lujo, al ornato
y al ceremonial napoleónico que tanto nos pena (y tanto nos
cuesta)? ¿No será parte del mismo intento de cubrir
un vacío interior? La siutiquería y el arribismo que
se deja entrever en nuestros medios de comunicación social;
una TV fabricante de ídolos tipo Hollywood, periódicos,
tal vez únicos en el mundo, que a falta de tema y contenido,
llenan sus páginas con fotografías y publicidad a
cuatro colores. Lo mismo hace el señor que se pasea en su
flamante auto alemán, cuando todos sabemos que tiene hasta
la ropa interior hipotecada. Es todo parte de lo mismo: cubrir un
gran vacío.
Algunos dirán que es inútil combatir la importación
de ideologías ya que nuestra historia, salvo contadas excepciones
de antaño, es un emporio donde .se encuentra de todo. Estoy
de acuerdo. Vamos por la vida como un barco sin quilla, copiando
de acá y de allá, y seguiremos así por muchos,
muchísimos años más. Ahora todos comprenden
que ni los políticos, ni los militares, ni los intelectuales,
ni los economistas tienen las soluciones para mejorar la calidad
de vida. Todos pecan de ser influenciables por lo foráneo,
por muy nacionalista que sea su. retórica. Pero en fin, es
natural que así sea ya que casi todos somos descendientes
bastante directos de aventurados colonizadores europeos, lo cual
no nos ayuda a librarnos del sentirnos y el actuar como colonia.
Al venirnos tan lejos conseguimos una serie de ventajas, entre las
cuales hay que mencionar la revolución industrial y las dos
guerras mundiales. Eso significa que nos hemos saltado algunas etapas
en el proceso de maduración que ha sufrido el mundo industrializado,
y no nos debe extrañar el que no nos resulte copiarlo.
Si pudimos con los indígenas fue por nuestra superioridad
tecnológica, Entonces el `know how' fueron los arcabuces
y las sotanas. Ahora el `know how” lo tienen los países
desarrollados tecnológicamente, y los colonizados estamos
siendo nosotros al intentar insensatamente de tratar de reproducir
sus mundos en nuestra realidad. Si una vez pudimos arrasar y aniquilar
civilizaciones enteras que nos antecedieron ahora nosotros somos
los que llevamos todas las de perder. Estamos siendo colonizados
por una maquinaria inmensa que inventa necesidades y que aplica
las más sutiles técnicas psicológicas para
hacernos creer que tal o cual producto o práctica nos hará
la vida más llevadera y satisfactoria. Lo irónico
de todo esto es que es lo mismo que hicimos con nuestros antecesores
indígenas, convencerlos por cualquier medio pero sobre todo
por la fuerza, de que nuestra visión del mundo y del más
allá es la verdadera. Lo que la gente parece no saber es
que somos nosotros mismos los que financiamos el engaño,
nuestro propio autoengaño. Pareciera que no hay conciencia
de que estamos siendo manejados por una industria que gasta miles
de millones para manipularnos, una verdadera industria del deseo.
Y pareciera que aún no nos damos cuenta que nos está
llevando al despeñadero porque con el deseo va la codicia
y la desconfianza.
Lo increíble del caso es que nuestro país y nuestro
continente están llenos de gente que obligadamente tiene
que vivir con menos, y que desde hace mucho tienen que vivir con
menos. Estos no han tenido que cambiar su estilo de vida, pero sí
ha cambiado la calidad de sus vidas ya que son sensibles a las evoluciones
de los antojos de aquellos que fijan sus destinos y que supuestamente
deben servir de ejemplo. ¿Qué se puede esperar de
un pueblo en el cual las personas que tienen la educación,
el fácil acceso a la información y los medios para
tina subsistencia digna parecen no conocer la austeridad ni la sobriedad
en sus propias vidas'
A pesar de habitar una "vasta provincia señalada"
llena de recursos, algo pasa que nos hace ir quedando atrás
en términos de la economía mercantil. Y va que éste
parece ser nuestro destino inexorable ¿por qué no
aprender a vivir mejor con menos?
Pero vivir mejor ¿con menos qué? Desde luego que con
menos dinero, consumiendo menos, porque uno deja de ser presa fácil
e indefensa de la industria del deseo, y consume lo que realmente
necesita, y no lo que le dicen que necesita.
Vivir mejor con menos contaminación, porque por donde se
le mire todo consumo termina en una u otra forma de polución.
Vivir mejor con menos gobierno porque al llegar a ser más
autosuficiente se es por lo tanto más responsable de uno
y los suyos, y menos dependiente del estado protector. Vivir mejor
con menos `stress' porque al disminuir los deseos disminuyen también
las exigencias, los apuros, las tensiones, etcétera.
Vivir mejor con menos, con lo cual se le da paso a que afloren otras
cosas más delicadas e íntimas. Y es en este sentido
que puede decirse que este es un libro de amor, puesto que muestra
un modo largamente olvidado de relacionarse con todo aquello que
constituye nuestra vida diaria. Se ha perdido del encanto del encuentro.
El sistema ha conseguido corromper sistemáticamente todo
nuestro mundo de relaciones. Usamos las cosas sin entenderlas y
sin conocerlas. Todo tiene su. precio y todo es comprable. "Total
qué importa que no funcione como yo quiero si lo puedo cambiar
por otro" nos decimos. Lo más trágico es que
se está viendo que tratamos a las personas de la misma manera.
A todo le estamos aplicando sin distinción las normas de
beneficio, utilidad y cantidad. Y esto, digo yo, es la expresión
de una relación corrupta y enferma. La explotación
no es una relación de amor, por lo tanto no puede brindarnos
goce y satisfacción. La explotación es simplemente
la expresión de un deseo insaciable que no deja más
que amargura y desencanto. Nuestra vida cotidiana está llena
de objetos y de actividades que merecen ser reconsideradas en su
verdadero sentido:
Este. no es un libro que se interpone al camino del progreso. Habla
del progreso en otra dimensión más interesante y•
humana que tomará un buen tiempo para ser entendida, y hay
que comenzar hoy.
Con la publicación de este libro Editorial Cuatro Vientos
se aparta por primera vez del ámbito de libros estrictamente
psicológicos. Esto lo hacemos porque fieles a nuestro credo,
estimamos que la calidad de vida es un aspecto absolutamente esencial
al crecimiento personal ya la comunicación con los demás.
F. Huneeus
Editor
Ñuñoa 1985
Agradecimientos a Roberto Ibieta |