| Manual
para Seminarios Socráticos;
Un Programa Educativo de Fundación Gabriel & Mary Mustakis Realizado
por Escuela de Pedagogía Universidad de los Andes
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Autoras: Alejandra Eyzaguirre, Mercedes Hurtado, Verónica Merino,
Pelusa Orellana, Magdalena Vial.
PRIMERA PARTE
ORÍGENES DE
LA PRÁCTICA SOCRÁTICA
ORÍGENES DE LA PRÁCTICA
SOCRÁTICA
"Conócete a ti mismo",
solía decir Sócrates hace más de 2.400 años,
cuando, sin guías metodológicas, mallas curriculares
ni título de profesor, se paseaba por las calles atenienses
rodeado de jóvenes en quienes buscaba despertar el asombro
ante la verdad. Y el conocerse a sí mismo era el fruto de
aquella profunda reflexión, del crecimiento que se iba produciendo
mediante preguntas esenciales acerca de la vida, la verdad, el bien
y la belleza. Sócrates era un maestro poco convencional,
y esta metodología hizo que lo declararan culpable de corromper
a la juventud, llevándolo finalmente a morir envenenado.
Sin embargo, además de sus
enseñanzas en el campo de la filosofía, esta metodología,
conocida como la mayéutica, traspasó los siglos y
se instauró formalmente en la educación universitaria
en diversas épocas, y particularmente a comienzos del siglo
XX. Los primeros Seminarios Socráticos se realizaron entre
los años 1910 y 1940 en algunas universidades norteamericanas
como Columbia, Virginia y Chicago. Profesores como Robert Hutchins,
John Erskine y Scott Buchanan implementaron esta práctica
al interior de sus cátedras, principalmente para la discusión
de textos en distintas áreas del conocimiento.
A partir de estas experiencias se
crearon también organizaciones como la Fundación Grandes
Libros, que promovieron la difusión de textos clásicos
adecuados para la aplicación de la Metodología Socrática.
Hasta el día de hoy esta agrupación desarrolla programas
educacionales que fomentan el diálogo intelectual a partir
de textos de calidad, e intenta rescatar la lectura de los clásicos
en la Educación Básica y Media. Junto con las selecciones
de textos, incluyen sugerencias metodológicas para tratarlos
en clase, formas de guiar la discusión, preguntas y estrategias
que el profesor puede utilizar con los alumnos.
A comienzos de la década
de los ochenta, un educador norteamericano llamado Mortimer Adler
volvió al Cuestionamiento Socrático al proponerlo
como uno de los tres pilares fundamentales del aprendizaje. En su
Propuesta Paideia diseñó un programa curricular sustentado
en tres grandes áreas: la enseñanza didáctica
o instrucción formal, la ejercitación (tanto para
manejar los contenidos como para dominar las habilidades), y la
exploración y comprensión de las ideas y temas relacionados
con el contenido, que denominó comprensión ampliada.
Este tercer pilar constituye precisamente el uso del Método
Socrático, con el fin de que los alumnos desarrollen las
habilidades del pensamiento para alcanzar una más profunda
y mayor comprensión de las ideas.
Dentro de lo que la propuesta Paideia
denomina las Tres Columnas de Enseñanza, el tiempo destinado
a los seminarios es de entre un 15 y 20% del tiempo total de enseñanza
al que está expuesto el niño, concentrándose
entre un 60 y 70% en el desarrollo de habilidades intelectuales.
Sin embargo, el seminario en sí es considerado la principal
didáctica de enseñanza, por involucrar de manera tan
activa a los alumnos en su propio aprendizaje.
Esta propuesta constituyó
la respuesta de un grupo de educadores a la preocupación
manifestada por el gobierno norteamericano ante los débiles
resultados de la educación en los Estados Unidos, y que el
presidente George Bush presentó en el conocido informe A
Nation at Risk a comienzos de los ochenta. Dicho informe inició
un profundo debate respecto a la calidad de la educación
pública norteamericana y reflejó, entre otras cosas,
la débil comprensión lectora de los estudiantes. Dentro
de las ideas que el manifiesto de Adler plantea, se encuentran los
siguientes principios:
1. Todos los alumnos pueden aprender.
2. Todos merecen la misma calidad
de educación y, por lo tanto, no se trata sólo de
proporcionar igual cantidad de horas de escolaridad, sino de asegurar
que ésta sea buena en todos los sectores de la sociedad.
3. La educación debe ser
entendida como la preparación para convertirse en una persona
capaz de vivir dignamente, ser un buen ciudadano de su país
y del mundo, y de ser autovalente en la vida.
4. La primera causa de un verdadero
aprendizaje es la actividad de la mente del aprendiz, a veces con
la ayuda del profesor como causa secundaria.
5. Los tres tipos de enseñanza
que deben darse al interior de los colegios son la enseñanza
didáctica, la ejercitación y el Cuestionamiento Socrático,
con el fin de obtener: un conocimiento organizado, la formación
de hábitos de habilidades en el uso del lenguaje y las matemáticas,
y el crecimiento de la comprensión de ideas y aspectos básicos.
6. Tanto directores como educadores
han de estar permanentemente involucrados de manera activa en el
aprendizaje.
7. El deseo permanente de aprender
ha de ser la motivación principal de quienes dedican su vida
a enseñar.
La propuesta Paideia sólo
se implementó a partir de los años noventa a nivel
de educación pública, pero ha crecido enormemente,
hasta llegar a formar un grupo que actualmente reúne a más
de ochenta escuelas repartidas en unos diez estados.
Además, la Práctica
Socrática continúa siendo utilizada en importantes
universidades norteamericanas tanto a nivel de pre-grado como en
programas de magíster y doctorado. En la actualidad existen
centros Paideia en los que se capacita a profesores en la Universidad
de North Carolina-Chapel Hill, y varios otros estados. Es conocida
su utilización en escuelas de negocios de prestigiosas universidades
como Harvard, en los Estados Unidos, y Navarra, en España.
De manera paralela, surgieron organizaciones
tales como el Programa Touchstones, que continúa asesorando
a educadores que utilizan el Diálogo Socrático para
desarrollar habilidades intelectuales a partir de textos. Este programa
se ha preocupado especialmente de seleccionar material de lectura
adecuado para los Seminarios Socráticos.
Si bien desde una perspectiva pedagógica
el Aula Socrática no constituye una novedad, se le ha considerado
un aporte alineado con las teorías del aprendizaje significativo
presentadas por David Perkins, Jerome Bruer y Frank Smith, entre
otros, y adquiere un sentido poderoso ante los descubrimientos sobre
cómo aprendemos que la neurociencia ha aplicado a la educación.
Los dos principales objetivos de
los Seminarios Socráticos apuntan al desarrollo intelectual,
que se da a través del pensamiento crítico, el análisis,
síntesis y evaluación de ideas y conceptos, y el desarrollo
de habilidades sociales que se da a partir del desarrollo de la
capacidad de expresarse y de escuchar a los demás.
Una de las ideas más poderosas
en Sócrates es que sólo a partir de la ignorancia
es posible comenzar a buscar el conocimiento. En la Apología
se cuenta que una vez visitó a un sabio eminente y que después
de conversar con él, reflexionó: "Ciertamente
yo soy más sabio que este hombre. Es muy probable que ninguno
de nosotros tenga algún conocimiento del cual jactarse, pero
él cree saber algo que no sabe, mientras que yo estoy muy
consciente de mi ignorancia. En todo caso, parece que yo soy más
sabio que él en este pequeño grado: que yo no creo
saber lo que no sé". Aplicado a la pedagogía,
Sócrates nos muestra cómo el alumno que es capaz de
asombrarse ante su ignorancia da el primer paso hacia el conocimiento.
Sólo así se puede alcanzar una vida mejor, y para
Sócrates esta era la verdadera misión de su vida:
examinar a diario la virtud, el mayor don que los hombres tienen.
Para Sócrates, el educador
es semejante a la partera. Tomó este ejemplo de su propia
madre, quien ejercía esta profesión (de ahí
el término "mayéutica"). Su tarea es ayudar
a los alumnos a sacar hacia fuera todas esas grandes ideas a través
de preguntas, de la indagación constante, de la exploración
de los conceptos, ideas o valores hasta encontrar la verdad. Al
igual que su madre, él no engendraba el conocimiento, sólo
ayudaba, a través de las preguntas, a que saliera a la luz.
Si lo propio del intelecto es la
búsqueda de la verdad, y ésta se encuentra en las
cosas, la tarea más importante del educador es precisamente
ayudar a los alumnos a buscarla con interés, penetrando en
el fondo de las ideas, desarrollando esa capacidad de asombro ante
la realidad, analizando, entendiendo y reflexionando.
Este verdadero ejercicio intelectual
constituye la razón de ser del hombre, aquello que lo define
como único y racional. El hombre ha sido hecho para pensar
desde sí mismo, y es precisamente a través del ejercicio
de la filosofía que logramos hacerlo.
La principal responsabilidad de
los educadores está, por tanto, en despertar el asombro en
sus alumnos y de ahí gatillar la inquietud y el desafío
por abordar la realidad circundante desde el pensamiento. Y el Aula
Socrática, tan antigua y novedosa a la vez, surge como la
forma más natural de hacerlo.CARACTERÍSTICAS DE LA
PRÁCTICA SOCRÁTICA
La Práctica Socrática
consiste en la exploración profunda de las ideas mediante
el diálogo, a partir de la lectura y análisis de un
texto determinado. En palabras de Adler, "una forma de enseñar...
mediante el uso de preguntas y la conducción de diálogo,
ayudando a los alumnos a elevar sus mentes desde un estado de comprender
o apreciar menos hacia un estado de comprender o apreciar más".
La conversación se inicia y gira en torno a una pregunta
central, conocida también como pregunta de apertura, y va
generando a su vez nuevas preguntas y respuestas que eventualmente
guían al alumno a descubrir nuevos conocimientos.
Las experiencias de Práctica
Socrática en los Estados Unidos reflejan logros importantes.
Un aspecto que llama la atención es que favorece un ambiente
en el que no hay riesgo, temor a equivocarse, ni juicio, lo cual
facilita el aprendizaje. Los alumnos adquieren una especie de sentido
de pertenencia al ser ellos, sus opiniones y sus voces las que se
van conformando, y así van generando mayores niveles de confianza
en las propias capacidades. Se han observado mayores niveles de
retención por parte de los alumnos cuando son ellos los responsables
de generar las ideas. En metodologías tales como la Práctica
Socrática, el aprendizaje cooperativo, las discusiones y
trabajos grupales, el nivel de retención de los alumnos se
alza entre el 50 y 90%, mientras que en una actividad meramente
receptiva son capaces de retener entre un 5 y 20% solamente.
Lo que sustenta esta mayor capacidad
de retención se resume en tres grandes ideas. En primer lugar,
el Seminario Socrático contribuye a formar una comunidad
de aprendices, en que cada miembro debe contribuir con algo al conocimiento
general. Las comunidades son grupos más pequeños,
donde el alumno se siente más cómodo para opinar pues
no teme quedar en ridículo frente a sus compañeros.
En una comunidad, además, el alumno percibe la responsabilidad
y la necesidad de ser parte de ésta con sus ideas, generándose
por tanto una actitud más proactiva ante sus tareas, pues
de él también depende el aprendizaje de los demás.
En segundo lugar, el Seminario Socrático
favorece la conexión entre los conocimientos previos --aquellas
ideas, conceptos, imágenes y experiencias que los alumnos
traen consigo-- y los nuevos aprendizajes. Esta conexión
se da cuando el alumno es capaz de dar sentido mediante inferencias,
tanto a lo que ya conoce como a aquello que está descubriendo.
Por otro lado, al relacionar conocimientos recientemente adquiridos
con experiencias vitales, se establece un vínculo emocional
entre lo aprendido y aquello que el alumno trae, con lo cual la
retención es aún mayor, pues uno recuerda mejor aquello
que tiene un componente emocional.
En tercer lugar, la comunicación
se ve favorecida en sus cuatro dominios. Los alumnos aprenden a
leer mejor, a escucharse, a exponer sus puntos de vista de manera
clara y coherente y a escribir usando la lógica y sustentando
sus argumentos. Un aspecto importante que mencionar es que los seminarios
favorecen mayormente las habilidades verbales: hablar y escuchar,
que normalmente son las que menos se desarrollan en los curricula
escolares.
Hay además estudios en los
Estados Unidos que muestran cómo mejora el rendimiento de
los alumnos en pruebas de aptitud cuando han experimentado la Práctica
Socrática. Los resultados obtenidos en tests como el Watson-Glaser
de Pensamiento Crítico reflejaron incrementos de hasta un
30% en alumnos de entre 6° y 8° Básico en 1996 en
la Judson Montessori School, una escuela privada. En el condado
de Guilford, North Carolina, las mediciones a través de pruebas
estandarizadas mostraron incrementos significativos en lo que respecta
a habilidades matemáticas y lingüísticas. Un
seguimiento posterior a estos colegios demostró en una primera
etapa los logros que se detallan a continuación:
1. Una mejor percepción de
la calidad de los profesores por parte de los alumnos. Éstos
comentaron que sus profesores explicaban mejor, se preocupaban de
verificar que los alumnos hubieran comprendido la materia, los hacían
pensar y enseñaban de maneras diversas.
2. Un mejor clima al interior de
la sala de clases: menos tensión, menos pérdida de
tiempo, mayor flexibilidad.
3. Un mejor autoconcepto por parte
del alumno, sus capacidades y sus logros.
4. Mayores niveles de asertividad
y seguridad, en especial en aquellos alumnos que conforman minorías
al interior del curso, y que ya no se sentían discriminados.
5. Mejoras en las relaciones interpersonales,
en la participación de los alumnos al interior de la escuela.
6. Una mejor percepción respecto
de la claridad y consistencia de las reglas del colegio.
Hay experiencias exitosas del uso
de Seminarios Socráticos en escuelas marginales y urbanas
en comunidades de alto riesgo social en las que mediante el uso
de esta técnica se han disminuido notoriamente las conductas
delictivas, el abuso de drogas y alcohol y los alumnos han logrado
reafirmar sus principios y resistirse a las presiones grupales de
pandillas que normalmente causan conductas disruptivas. Al respecto,
hay una experiencia interesante realizada en la Quirk Middle School,
una escuela que implementó el programa en 1984. Este colegio
se encuentra en el condado de Hartford, Connecticut, en un área
rodeada por la droga, la cesantía y la pobreza. A pesar de
ello, sustenta un verdadero récord de logros académicos,
en el cual sus 300 alumnos estudian latín, lógica,
filosofía, matemática, ciencia y retórica,
y en el que la Metodología Socrática constituye un
verdadero antídoto para el entorno del cual provienen los
alumnos.
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