Artículos|7 noviembre, 2011 19:17

Liberación del Trauma ¿Cómo llegó el editor a este libro?

Por Dr. Francisco Huneeus

 

¿Por qué y cómo llegamos a este libro? (Cada libro tiene una historia propia en su recorrido a nuestras manos). Conocí a David Berceli en un festival/concurso de escuelas de danza de todos los tipos —tap, jazz, hip hop, flamenco, moderno, contemporáneo, moderno y clásico—realizado por última vez en marzo de 2009 en la ciudad de Monterrey, en el norte de México, donde fui invitado por la organizadora como juez y a realizar un par de talleres. Igual cosa con David. Por la situación imperante hoy en Monterrey con los Zeta, Belinda (su organizadora) tuvo que emigrar más al sur. No se ha vuelto a realizar aún ese maravilloso Interdanza. Éramos los únicos que no teníamos nada o poco que ver con la enseñanza de danza a niños y jóvenes. Debo admitir que fue un espectáculo impresionante y conmovedor. Era algo sobrecogedor ver a profesores de tap, jazz y hip hop traídos de Nueva York, etc., y a la muchachada (unos 60) haciendo pasos y ritmos complejísimos al unísono dirigidos por un profesor. ¿Y por qué Belinda me invitó a mí, pagándome pasaje desde Santiago hasta Monterrey y estadía en el hotel del centro de convenciones? Porque meses antes había estado en una sesión de danza afectiva o improvisada que realicé en un congreso de Gestalt en el DF. Ahí captó que la danza es la expresión más sana y feliz de los humanos agrupados. En realidad, ella es dentista, pero no ejerce como tal, sino que dirige una escuela de tap dance y organiza estos eventos.

Y así fui sabiendo a qué se dedicaba David, el otro “pájaro raro” que no provenía de la danza, con un aspecto de asceta y hombre profundamente comprometido. Cuando me dijo que se dedicaba al Trauma, pensé: “Ah, esto puede ser interesante”. Y cuando me dijo que su tratamiento se basaba en buena parte en enseñarle a la gente a temblar, ahí supe que definitivamente me interesaba su enfoque, pues soy de la opinión de que “el cuerpo sabe más” —y que si el temblor es un mecanismo fisiológico, hay que dejarlo fluir, e incluso fomentarlo.

Ya la imposición civilizadora de posturas y actitudes corporales estandarizadas ha cobrado su precio —démosle un poco de rienda suelta a nuestro esqueleto y su musculatura, en especial esos músculos llamados psoas que conectan la base de nuestra columna con los fémures de los muslos. Además, no es ninguna novedad que cada día estamos abocados a situaciones traumáticas —incrementadas, claro, por los medios de comunicación, que nos hacen padecer vicariamente casi todas las tragedias mayores del mundo: telúricas, políticas, climáticas, económicas, aéreas, etc. Por lo tanto, sería un libro que nos viene “de perillas”.

El Editor


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